10 años
(Sonia está en su cubículo, en la oficina. Su teléfono empieza a vibrar. Se levanta y se dirige al pasillo. Allí contesta. Silencio).
(Sonia está en su cubículo, en la oficina. Su teléfono empieza a vibrar. Se levanta y se dirige al pasillo. Allí contesta. Silencio).
—¿Quién? ¿Marcos? ¿El
Marcos del insti? —(se ríe)—. ¡Qué dices! ¿Y..y.. sí, sí…y cómo…? ¿Yo? Pues… muy
bien, sí, sí… ¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte, tío! ¿Eh?… ¡Pues claro! Eh… Hm… ¿Por la
tarde? Hmmm… ¿Dón…? S-í, sí, sí, sí… Está en…sí, entre… ahí, eso, eso. Yo ehhh…
no, no, mira es que yo trabajo hasta las 19:00 pero… ¡claro! Eso, eso… jajajaj
¡Qué tiempos! ¡Qué bueno! Oye, oye… que yo… jajajaj sí, escucha, mira yo hace
años que no salgo como antes. ¿Recuerdas el día de la piscina? En… ¡exacto! Sí,
sí… jajaja con Miriam, Alberto… ¡Oye! Jajajajaj ¡Tú ibas peor no mientas! ¡Y
María! Madre mía... ¿Eh? ¿María? Pues… pues no sé… la verdad. Creo que
sí, pero luego lo dejaron… Oye, pues él…Alberto. Pues se ve que se fue a… ¡No,
no! Está fuera, fuera. Sí, tío, sí… y su padre… buenoooo… ¡cómo se puso!... Sí,
sí… Su madre igual. Claro, claro… todos… sí, sí… era lo que pensábamos todos.
Mira que… Sí, normal. Oye… tío, pues justo ahora tengo que… Bueno, sí, en el
curro… Ya te contaré, ya te contaré… ¡Vas a flipar, colega! Pues eso que si me
pilla el jefe… Sí, sí, sí anda por ahí. Eso, eso. Viernes a las 19:00… ahí
mismo. ¡Qué fuerte, Marcos! Jajajaj Yo también, yo también. Un abrazo, un beso
Marc… chau, chau.
(Sonia y Marcos se encuentran en un bar del centro. Al verse, alzan los
brazos y se dan un abrazo efusivo).
Voz en off: Se vuelven a mirar otra vez, de forma
inconsciente se comparan con sus homólogos del pasado, aquellos que guardaban
distorsionados, y un tanto idealizados en su memoria desde hacía 10 años.
El salto
(Rob está en una parada de bus. Una luz le enfoca solo a él desde arriba pero se ven pasar otras personas).
Voz en off:
Rob tiene un problema.
Rob se siente culpable por existir.
Camina cabizbajo, arrastrando un interior
inquieto y avanzando con pasos indecisos. Rob ante la vida no saca pecho sino
hombros, arquea la espalda y solo levanta la mirada (lo justo) cuando es
necesario. No se sabe si es un mecanismo de defensa o el fatigoso peso del
mundo en sus espaldas. Rob. Rob, como un perro compungido, es fiel y sumiso. De
hecho, él se parece a su perro y no al revés. Tiene la misma mirada llorosa y
escurridiza. Arquea las cejas y frunce el ceño de un modo intermitente. Ladra a
miedos invisibles, pero en silencio.
Rob tiene un problema. Rob busca novia.
Sí, ese es el problema: Rob piensa que es un
trámite. Como lo de la casa, el coche y el perro. Rob ha estado practicando.
Ante el espejo, ante su perro, ante su abuela sorda. Pero no hay manera. Le
asaltan Los Picores siempre. Los Picores son los enemigos de Rob. Aparecen en
los momentos decisivos y lo ponen todo patas arriba. Su zona de mayor influencia
es justo encima del cogote. Los Picores le atacan y tiene que alzar su brazo con
un gesto brusco y preciso y rascarse con vehemencia. A veces es la oreja
izquierda, a veces la nariz, a veces la axila. Por desgracia, Los Picores
suelen ir acompañados de tartamudeo, temblores, sudores y una risa nerviosa,
que parece sacarle hierro al asunto, pero que en realidad es la titubeante
guinda a un patético pastel de nervios.
Rob es invisible. Pero Rob no es tonto.
Así que sabe que ha de abordar una chica que
esté totalmente sola y sin “potenciales distracciones”. En la lista de
“Potenciales distracciones” Rob incluye: un móvil, un cuadro de Van Gogh,
cualquier ser viviente.
(Una segunda luz se enciende e ilumina una chica desde arriba. Acaba de pararse en la parada del bus. El flujo de personas cesa).
(Una segunda luz se enciende e ilumina una chica desde arriba. Acaba de pararse en la parada del bus. El flujo de personas cesa).
Rob no está preparado. Pero sabe que ha
llegado el momento. Ha detectado el objetivo. Le sudan las manos. Está a pocos
metros. Picores. Temblores. Acción.
(Rob se acerca hacia la chica).
(Rob se acerca hacia la chica).
Alza la mano, del mismo modo que hacía en
clase cuando quería dar una respuesta que sabía que nunca se iba a formular.
Empieza a tartamudear antes de hablar.
—¿Perdón? —(dice la
chica alzando las cejas).
—Q-Q-Q… ¿Q-q-qui…qu-e,
quie-qué… qué-é, qué-ho-raes?
—Son las tres y media.
—Gra-gra-cias.
(Rob se va de la parada del bus).
Voz en off:
Voz en off:
Rob se va; ha perdido una batalla, pero no
la guerra.
Rob tiene un problema.
Déjame
(Marta está en su modesto piso, en el salón. Marta se cubre la cara
con las manos y llora de pura frustración y rabia. Jorge entra y se acerca a Marta).
—¿Qué pasa? —(le
pregunta Jorge, colocándole una tiritona mano sobre el hombro).
(La espalda le tiembla
con cada sollozo, se sorbe la nariz).
—Marta, por favor… No
dramaticemos, dime qué ocurre.
(Balbucea algo
inteligible y gimotea).
—¿Qué?
(Lo empuja y se da la
vuelta, se va llorando hacia el cuarto).
—¿¡Marta!? —(exclama, Jorge
alzando las cejas).
(Ella se da la vuelta.
Alza un dedo afilado y acusador).
—¡Traidor!
—¿Qué?
(Marta cierra los puños
y adelanta la cabeza).
—¡Miraste solo el
último episodio de Juego de Tronos! —(grita roja de ira)—. ¡Qué te jodan! —(le espeta,
reforzándolo con un corte de mangas).
(Se va llorando).
—¡Marta! ¡Espera! ¡Te
lo puedo explicar! ¡Marta!
El grito del silencio
(Cari está en una habitación casi a oscuras. Está recostado sobre su hombro derecho, se arropa con sus propios
brazos, casi en posición fetal. Sus ojos ven pero no miran; atraviesan la pared
y se sumergen en la inmensidad de la nada. Entra Carla, lentamente, se sienta en el borde de la cama. Cari nota la mano caliente de Carla sobre su
espalda, una mano que se desliza y busca la suya. Los dedos de ella, suaves y
vivos, encuentran los de él, entumecidos e inertes; se enlazan).
—Cari, ¿cómo estás?
(Cari responde con un apático encogimiento de hombros. Sus ojos rehúyen
los de ella, buscando refugio en la almohada).
—¿Quieres comer algo? ¿Te preparo un té?
(Él niega con la cabeza. Ella le aprieta los
dedos ligeramente con los suyos, luego los empieza a retirar con lentitud,
deshaciendo el enlace. Deja la mano queda unos instantes, indecisa. Se levanta
y sale del cuarto, una lágrima se desliza por su mejilla.
Él se queda ahí, con una mano inerte sobre su espalda y la mirada
perdida, escrutando el silencio).
54. CASA DE
MARIO Y PAULA. COCINA ABIERTA AL SALÓN.
INT. DÍA
INT. DÍA
(Mario entra y cierra la puerta. Paula está leyendo en un sillón).
Paula: ¿Has
cenado? —(pregunta sin levantar la vista del libro)— Hay pollo hecho si quieres.
(Mario
cuelga la chaqueta en el perchero, riéndose hacia sus adentros. Paula arquea
las cejas y cierra el libro).
Mario: Si vengo de una cena de trabajo, —(su tono va in crescendo)— ¿por qué coño
me preguntas si he cenado? —(le espeta, apoyando los brazos en la barra americana.
Mario: Si vengo de una cena de trabajo, —(su tono va in crescendo)— ¿por qué coño
me preguntas si he cenado? —(le espeta, apoyando los brazos en la barra americana.
Paula se
levanta con tranquilidad y se dirige hacia la cocina).
Paula: Eso es lo que me dices siempre cuando vas a
llegar tarde —(coge un plato)—, pero yo no sé si es verdad —(coge una pechuga con las manos, ayudándose de una cuchara, sirve un poco de arroz)—. Por supuesto no
me he molestado en averiguarlo, pero te ofrezco cena
por si me has mentido —(se chupa los dedos)—. No quiero que, por engañarme,
pases hambre. —(Le deja el plato enfrente con un golpe seco).
Paula: Eso es lo que me dices siempre cuando vas a
llegar tarde —(coge un plato)—, pero yo no sé si es verdad —(coge una pechuga con las manos, ayudándose de una cuchara, sirve un poco de arroz)—. Por supuesto no
me he molestado en averiguarlo, pero te ofrezco cena
por si me has mentido —(se chupa los dedos)—. No quiero que, por engañarme,
pases hambre. —(Le deja el plato enfrente con un golpe seco).
(Mario baja
la cabeza, la levanta y suelta un suspiro. Cierra los ojos).
Mario: He tenido un día muy duro y quiero que acabe
cuanto antes. —(Se endereza y mira al reloj)— Así que vamos a dormir, que mañana
salimos temprano.
Mario: He tenido un día muy duro y quiero que acabe
cuanto antes. —(Se endereza y mira al reloj)— Así que vamos a dormir, que mañana
salimos temprano.
(Paula se
enciende un cigarrillo, se cruza de brazos y le mira).
Paula: Yo hasta que vuelva la niña no me duermo, ya
lo sabes —(dice, soltando una bocanada de humo.
Mario frunce el ceño).
Paula: Yo hasta que vuelva la niña no me duermo, ya
lo sabes —(dice, soltando una bocanada de humo.
Mario frunce el ceño).
Mario:
¿Ainhoa? ¿Adónde ha ido?
(Paula le da otra calada y vuelve a sentarse en el sillón).
(Paula le da otra calada y vuelve a sentarse en el sillón).
Paula: A
cenar con André —(responde, echando una voluta y la ceniza parcialmente fuera
del cenicero)—. Hoy hace un mes que salen juntos —(añade sorprendida,
recogiendo la ceniza con los dedos).
(Mario se
acerca y apoya los antebrazos en el respaldo del otro sillón).
Mario: ¿Y es por la niña que no te duermes? —(inquiere con un deje de sorna, haciendo un gesto con la cabeza hacia la puerta).
Paula: ¿Qué quieres decir? —(replica ofendida).
Mario: Nada —(responde, haciendo una mueca y abriendo las manos, mostrando unas palmas exentas de culpa).
Paula: Solo te soporto cuando duermes —(le escupe, apagando el cigarrillo y levantándose.
Mario: ¿Y es por la niña que no te duermes? —(inquiere con un deje de sorna, haciendo un gesto con la cabeza hacia la puerta).
Paula: ¿Qué quieres decir? —(replica ofendida).
Mario: Nada —(responde, haciendo una mueca y abriendo las manos, mostrando unas palmas exentas de culpa).
Paula: Solo te soporto cuando duermes —(le escupe, apagando el cigarrillo y levantándose.
Paula se va
hacia el cuarto de baño. Mario tuerce una sonrisa).
Mario: Es lo que quiero hacer desde hace rato —(le grita).
Mario: Es lo que quiero hacer desde hace rato —(le grita).